Los datos que presenta Perú son escalofriantes: el porcentaje de peruanos que vive en la pobreza llega a un 54,8%, mientras que la extrema pobreza alcanza a un 24,4% de la población. Datos que nos obligan a comprender que es esencial obtener consenso en torno a las prioridades de desarrollo , promoviendo la participación en los proyectos que pretendan luchar contra ella.
Esta pobreza se concentra principalmente en sus zonas rurales, donde los porcentajes se disparan, y en donde más de dos tercios de la población es pobre, y más de la mitad vive inmersa en lo que se califica situación de pobreza extrema, es decir con ingresos menores a un dólar (unos noventa céntimos de euro) por día. De entre las que destacan las zonas de la selva amazónica, donde los índices de pobreza representan aproximadamente el doble que en las zonas costeras; pudiendo afirmarse que en ellas, su población, vive por debajo de la línea de la pobreza extrema con respecto al resto del país.
Por lo tanto, contener el crecimiento de la pobreza y combatirla donde se muestra más resistente es uno de los mayores retos que podemos asumir para trabajar por el futuro de sus gentes.
Cuatro son las áreas prioritarias en las que se deben centrar esos esfuerzos:
- Invertir en infraestructuras para superar los obstáculos al desarrollo económico.
- Reformar el sector social: mejorando la calidad, el acceso y la focalización de los servicios básicos, así como intentando disminuir los riesgos que corren los grupos más vulnerables. Especialmente en las áreas de salud y educación.
- La mejora de la gestión de los recursos naturales
- El fortalecimiento de las organizaciones comunitarias, promoviendo su autosuficiencia y educándoles para gestionar sus recursos a la vez que sensibilizarles en prácticas ambientales sensatas dentro de sus actividades agrícolas y silvícolas.
Todo ello, evidentemente, con la participación activa de la propia población beneficiaria de esos proyectos.
De todos ellos, destacar el desarrollo social, mediante el apoyo a la educación, la salud y el bienestar, por el impacto considerable que puede tener, como estrategia a largo plazo, en la lucha contra la pobreza.
Esto debe ser así, porque es duro pensar, volviendo a la cifras, que en los hogares de 14.542.692 personas en Perú no pueden acceder a una canasta mínima de bienes y servicios básicos, y que dentro de este inmenso grupo de pobres, los hogares de 6.393.004 personas carecen de los ingresos necesarios para adquirir una canasta mínima de alimentos.
Esto sólo puede dar lugar a una historia humana de privación, marginación y exclusión.
En la zona de la selva amazónica, estas condiciones de pobreza son verdaderamente alarmantes, pues su intensidad hace que prácticamente 8 de cada 10 personas vivan en esa situación. Contexto que está ligado a las grandes inequidades en la distribución del ingreso.
En este sentido, la naturaleza de la exclusión económica de esos millones de personas tiene dos caras. Por un lado, existe una exclusión de tipo absoluto determinada por la incidencia de la pobreza. Por otro, hay una exclusión relativa determinada por la desigualdad. Y la conjunción de las dos sólo puede generar las percepciones más acendradas de la injusticia, que desgraciadamente acentúan los riesgos de una situación de conflicto social.
Hay otro dato que no podemos olvidar, el 31,28% de la población tiene o presenta algún tipo de discapacidad y el 13,08% de ese porcentaje vive excluido de la sociedad y sin acceso a servicios de salud, educación y trabajo.
Esta circunstancia es especialmente grave, porque la mayoría de las personas discapacitadas dad viven en hogares de bajos ingresos y condiciones precarias. De un lado, la presencia de una discapacidad en el hogar intensifica las carencias de todo el grupo familiar, dado que es necesario hacer gastos adicionales en salud, educación y transporte. De otro, la misma pobreza propicia discapacidad. Si se toma en cuenta los porcentajes de pobreza y extrema pobreza, que van de la mano con deficiencias nutricionales, escaso acceso a sistemas de salud, carencia de servicios sanitarios y baja calidad de la educación, podemos apreciar cómo se va tejiendo el círculo perverso de la pobreza, la exclusión y la discapacidad.
egún lo señalado, los derechos de la persona que menos se cumplen están referidos por lo tanto al trabajo, la educación y el acceso a una vida independiente y digna, así como a la justicia y a servicios de salud.
Para romper este círculo perverso y lograr cambios sostenibles en la calidad de vida de las personas es necesario, por lo tanto, fortalecer la educación para poder formar a los hombres de mañana y romper la siguiente cadena: El hambre como consecuencia ineludible de la pobreza, en especial de la pobreza extrema. Ligada a la vulneración de derechos vinculados con la privación por desigualdad: educación, acceso a la salud y acceso a agua potable y servicios básicos de saneamiento. La persistencia del hambre en los hogares tiene un impacto nefasto en la nutrición de las niñas y los niños. La desnutrición en la niñez trunca las posibilidades de desarrollo cognoscitivo y conductual, impide el aprovechamiento y rendimiento escolar y tiene secuelas negativas permanentes en la salud de las personas. En otras palabras, disminuye de antemano los futuros niveles de productividad laboral de los adultos
Sólo hay que echar una mirada a la desnutrición crónica en menores de 5 años —medida por baja talla para la edad— y veremos que muestra resultados más alarmantes. La desnutrición crónica es el indicador que mejor refleja los efectos a largo plazo de una dieta inadecuada (deficiente en yodo, hierro y micronutrientes) unas enfermedades recurrentes o ambas. Por ello es el mejor indicador de la persistencia de privación en el largo plazo. En Perú, y en concreto en la selva, el 53,4% de los niños menores de 5 años sufrían de desnutrición crónica. En otras palabras, alrededor de la mitad de las niñas y los niños ven vulneradas sus capacidades de enfrentar la pobreza debido al impacto directo de la desnutrición crónica sobre su desarrollo físico y educativo.
DESAFÍOS:
Hacia una cultura de equidad y superación de la pobreza.
Es indispensable provocar un cambio cultural. Dicho cambio debe sentar bases para un nuevo paradigma que permita la transversalización de los ideales de equidad y superación.
Pobreza, crecimiento económico y redistribución del ingreso .
Si bien la inserción social, equitativa, focalizada y efectiva es una herramienta necesaria para la reducción de la pobreza, son primordiales la redistribución del ingreso y el crecimiento económico sostenido. En una realidad tan desigual como la peruana, la redistribución activa del ingreso es necesaria para permitir que los frutos de ese crecimiento sean también aprovechados por los grupos excluidos de la población —los más pobres, los que viven en las zonas rurales, las poblaciones indígenas, las mujeres, los niños y niñas menores de cinco años, entre otros. En otras palabras, la redistribución es crucial para que el desarrollo humano sostenible alcance por igual a todas las peruanas y los peruanos.
Visión integral de la pobreza y el hambre
La pobreza y el hambre —en especial el hambre— suelen ser abordados de manera individualizada y sectorizada. Debido a ello, no se consigue la debida articulación con las acciones de otros sectores, por lo que no hay un enfoque de atención integral dirigido a la población con más carencias.
Problemas de focalización
No existe una adecuada focalización de los programas, por lo que generalmente los que más necesitan no reciben la ayuda necesaria y, por el contrario, los que no son los más necesitados pueden recibir apoyo hasta de dos o tres programas simultáneamente
Diseño de políticas y programas de lucha contra la pobreza y el hambre
Para mejorar las probabilidades es necesario establecer programas y acciones que den un marco operativo adecuado a los actores involucrados.
Lucha contra el hambre
En el caso específico de la lucha contra el hambre, se consideran desafíos importantes:
- Crear conciencia de que la causa fundamental del hambre y la inseguridad alimentaria es la falta de acceso a los alimentos como resultado de la pobreza y de la distribución desigual del ingreso.
Reconocer que la alimentación de calidad es un derecho inalienable de todos los ciudadanos
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