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INTRODUCCIÓN |
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Cristo, el Señor, confió a su comunidad una misión universal, que no conoce confines y concierne a la salvación en toda su integridad, siendo esta una de las exigencias más profundas de la Iglesia, que por su naturaleza es misionera (AG, 2). Justamente, en esta línea se coloca Francisco, particularmente, después de haber oído el evangelio de la misión (Mt. 10, 7-15), identificándose con él y haciendo del mismo la propia forma de vida, y su manera de servir a la Iglesia, lo plasmará en el capítulo 12 de la RB, donde queda expresado, desde la misma vivencia franciscana, la dimensión misionera de la Fraternidad de cara a los no cristianos, componente esencial al carisma franciscano. “Esta es nuestra vocación y nuestra razón de ser en la Iglesia y en el mundo” , como señala el Documento de “Prioridades para el sexenio 1997-2003” del Capítulo General. Somos, pues, una Fraternidad evangelizadora. Y como dice el citado Documento “nuestro munus consiste en dar testimonio, como Hermanos, para anunciar el ‘bien, todo bien, sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero. Convencido estamos de que los contenidos del mensaje evangélico no pueden cambiar, pero sí pueden cambiar las expresiones de los mismos. Creo que pudiéramos afirmar que el orden del día lo fija el mundo, queriendo decir con esto que tanto la nueva evangelización como la misión ad gentes deben tener en cuenta las voces del mundo, y estar atentas a los “signos de los tiempos”. Es verdad que esta misión de Cristo y de la Iglesia es única, al tener el mismo origen y finalidad; pero dentro ya de la misma Iglesia hay tareas y actividades diversas y, una de ellas, sin lugar a dudas, sigue siendo la misión ad gentes , que es una actividad primaria de la Iglesia, esencial y nunca concluida, pues la Iglesia “no puede sustraerse a la perenne misión de llevar al evangelio a cuantos no conocen todavía a Cristo redentor del hombre. Esta es la responsabilidad más específicamente misionera que Jesús ha confiado y diariamente vuelve a confiar a su Iglesia” (Christifideles laici, 35). Hoy, sin embargo, nos encontramos ante una situación religiosa bastante diversificada y cambiante, debido a tantos cambios como a experimentado nuestra sociedad y que ahora no hay tiempo para señalar. Hoy se habla de que hay tierras cristianas que se han convertido en países de misión. Incluso la actividad misionera en muchas partes del mundo ha conseguido Iglesias establecidas que, incluso, son capaces de ayudar a la evangelización de otras Iglesias. Surge de aquí el contraste con áreas de antigua cristiandad, que es necesario reevangelizar. Toda la Iglesia, pues, es hoy y siempre, a la vez que en cualquier lugar, misionera, lo cual no excluye que haya una específica misión ad gentes. Si miramos al mundo actual, al que hemos sido enviados para evangelizar, podemos distinguir tres situaciones:
Los destinatarios de la misión específica de la Iglesia, o misión ad gentes son, fundamentalmente, tres:
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Testigos del Evangelio |
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| Las relaciones con los musulmanes conducen a los cristianos a las exigencias de la propia fe. Esto quiere decir que ellas les invitan a elevarse al nivel de las propias responsabilidades, de su verdadera identidad y de su misión en aquella región del mundo. Las relaciones entre los cristianos y los musulmanes sólo podrán ser positivas y decisivas a condición, según la visión cristiana, de volver a las fuentes puras de los valores evangélicos, tal como se expresan en el Sermón de la Montaña. Las Bienaventuranzas sobre todo, por las que Jesús inauguró este Sermón, siguen siendo el camino de toda vida cristiana. San Pablo las vuelve a tomar en estos términos en su epístola a los Gálatas: "los frutos del Espíritu son: caridad, alegría, paz, longanimidad, afabilidad, bondad, confianza en los demás, dulzura y dominio de sí mismo" . El cristiano, y el cristiano árabe en particular, no busca privilegios, en los que sólo puede encontrar una falsa seguridad. Todo lo que quiere es el privilegio de servir a toda persona humana y a toda la sociedad. El cristiano habla del hombre que sufre en el Oriente. Este es el hombre con el que quiere ser solidario y que quiere servir saliendo al paso para defenderlo, cuando tiene hambre, cuando está enfermo, abandonado y expuesto a toda clase de opresiones, de frustraciones, injusticias y de pruebas. El cristiano de Oriente Medio sabe que no está solo en esta tarea. Muchos, en esa sociedad y en todas partes, ponen al hombre en la primera de sus preocupaciones, Uniendo sus manos a las suyas para ir al encuentro de todos los que sufren. El hombre que sufre une a los hombres mucho más que las ideas abstractas. Por otra parte, los árabes cristianos, saben perfectamente que todo lo que hacen a uno de sus hermanos que sufren, lo hacen al mismo Cristo (Mt. 25, 35-36.40). |
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Coexistencia actual entre musulmanes y cristianos en Oriente Medio |
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La primera realidad que puede servir de punto de partida para la condición de las relaciones entre cristianos y musulmanes es el hecho de su coexistencia actual que subsiste hoy en los países de oriente Medio, a pesar de la perturbación allí surgida por múltiples razones, internas y externas: las guerras civiles que tomaron un carácter confesional, los intereses políticos en el ámbito local o regional, una tendencia fanática religiosa, en ciertos grupos, manifestada por declaraciones o actos de violencia, y una presentación desprovista de objetividad en algunos medios de comunicación, concerniente a las relaciones entre cristianos y musulmanes en la región. A esto se añaden los múltiples problemas económicos y existenciales en estas sociedades, donde el extremismo de todo género encuentra ampliamente su caldo de cultivo. A pesar de todo eso, la experiencia de la coexistencia que han tenido en el pasado no deja de resistirse a todas las dificultades, no obstante agravarse en la situación actual. Sin embargo existen siempre muchos puntos positivos, actitudes sanas y verdaderas, amistades que unen a cristianos y musulmanes, en todo los sectores de la vida civil y religiosa y en las diferentes clases de la sociedad. Teniendo que confesar que eso fue siempre la excepción en dichas relaciones, puesto de más relieve en la actualidad. Sin poder olvidar las diferencias fundamentales entre las dos religiones, no obstante todos fundamentan su vida en la fe en un Dios uno y único, al igual que por la pertenencia a una misma patria y al mismo destino. Todo esto debería constituir un punto de partida sólido para fundar y consolidar las relaciones entre los hombres y mujeres de aquellas tierras, en el presente y en el futuro, siempre que los musulmanes sepan reconocer la identidad nacional de la comunidad cristiana en esos países. Por consiguiente, se diga lo que se diga y a pesar de ciertos aspectos negativos inevitables, nadie puede negar esta verdad primordial: los musulmanes y los cristianos en los países árabes pertenecen a la misma patria y en ella tienen el mismo destino y sus sensibilidades y sus raíces son las mismas ante los desafíos a nivel mundial o local. |
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TIERRA SANTA |
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Durante siete siglos La Custodia de Tierra Santa ha mantenido la antorcha franciscana en circunstancias difíciles. Su martirologio es impresionante.
Los franciscanos mantienen el contacto con los musulmanes en el plano cultural y, aún, escasamente. No obstante, tienen abierto un Centro de Estudio del árabe en Jerusalén. Igualmente se pretende realizar una sección sobre el Islán en el Instituto de Muski en El Cairo.
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LIBIA Y MARRUECOS |
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En LIBIA no hay Iglesia autóctona sino una presencia católica muy internacional de paquistaníes, filipinos, coreanos, polacos, italianos..., llamados para una ayuda técnica...
Con otros sacerdotes, los franciscanos están comprometidos en la pastoral de estas comunidades. Los contactos con la población musulmana están enturbiados por las relaciones entre Occidente y este país, aunque últimamente se están dando circunstancias que pueden ayudar a una cercanía entre ambas. En MARRUECOS se ha realizado un gran esfuerzo, de una parte con una "presencia" en medio de los musulmanes (aporte técnico, oración, encuentros personales), desde otro punto de vista, cerca de los cristianos extranjeros, residentes o turistas, para abrirlos a la otra comunidad. La disminución de vocaciones en Europa y la marcha de la comunidad cristiana después de la independencia de Marruecos, planteó un grave problema a la presencia franciscana franciscana en la primera misión de la Orden dejando sin posibilidad de sobrevivir a los franciscanos en el Magreb. |
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ÁFRICA |
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Un esfuerzo encomiable se ha realizado para sostener la minúscula Iglesia somalí y ayudarla a vivir en armonía con sus hermanos musulmanes. El asesinato de un obispo franciscano y de un fraile, hace años, y la falta de tranquilidad de esta comunidad cristiana, no ha hehco remitir el deseo de los franciscanos en su entrega a este país. En el corazón de ÁFRICA NEGRA, los franciscanos han consagrado su presencia y su esfuerzo a evangelizar a los creyentes de las religiones tradicionales africanas. Nos instalamos tarde, cuando las jóvenes comunidades cristianas pedían ayuda agobiadas por la afluencia de catecúmenos. |
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ASIA |
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Al sur de Filipinas una importante y antigua comunidad musulmana debe cohabitar con los cristianos nacidos en el lugar o venidos del norte. En Baloi, isla de Mindanao, existe una fraternidad franciscana entre los musulmanes. Varias pruebas han tenido que sufrir nuestros hemranos, quema de la propia iglesia y amenazas de muerte. Más al sur los franciscanos abrieron una nueva fraternidad en Basilán, y junto a ellos un monasterio de clarisas.
En la república islámica de PAKISTÁN, a pesar de que la comunidad católica es tan pequeña, hay muchos franciscanos, entre ellos un obispo. Quieren vivir pacíficamente entre los musulmanes sin privilegios ni facilidades y sin tener que dejar de ser pakistaníes, a pesar de que, algunas veces, son marginados y perseguidos, cuando no maltratados. La situación se hace cada vez más conflictiva y la minoría católica pierde derechos y es cada vez más oprimida, se pierde aceleradamente la armonía deseada. |
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